Presentación de Mis Mejores Fotografías.

sábado, 12 de febrero de 2000

Bosque de Pardomino (Boñar).

El Bosque de Pardomino es una masa mixta de gran diversidad y riqueza situada en la ladera norte del Barranco de Pardomino, en las proximidades del Embalse del Porma. Antaño fue un coto de caza perteneciente al ayuntamiento de Boñar y tradicionalmente ha sido explotado para la obtención de madera. Pero su gran valor botánico, faunístico y paisajístico han determinado su reciente inclusión como Zona de Reserva dentro del Parque Regional de los Picos de Europa.

Había oído hablar mucho del Monte Pardomino como uno de los escasos bosques mixtos que se conservan en la Cordillera Cantábrica. En este bosque tan peculiar el Roble Albar forma las masas de mayor espesura mezclándose con hayas, otros robles, abedules, cerezos, acebos, fresnos... Y como es de suponer semejante masa forestal alberga una interesantísima comunidad biológica en su interior: Corzos, ciervos, jabalíes, lobos, gato montés, ginetas, garduñas... incluso el oso pardo se ha dejado ver por estos bosques no hace mucho tiempo. También hay rastros del urogallo, aunque parece ser que su población está en serio peligro.

He venido solo, acompañado de mi mochila y con mi cuaderno de campo para anotar todas las observaciones. El día está nublado y la temperatura ronda los 10 ºC. Decido adentrarme en el bosque por Cerecedo de Boñar, cogiendo la pista que sale del pueblo y que asciende lentamente por la ladera del monte paralela al río Porma. Lo primero que observo en el río es una garza apostada sobre un tronco. En el valle de enfrente distingo la carretera que sube hasta el pueblo de Oville, lo cual me recuerda que removiendo un poco las rocas podría encontrar algún fósil interesante.

En cuando llego a Remellán la pista comienza a subir por la ladera hasta llegar a la Collada Lobera. Durante este trayecto sorprendo a un corzo descendiendo ladera abajo emitiendo sus inconfundibles ladridos; está claro que algo le ha asustado y probablemente sea mi presencia en el lugar lo que le ha alertado.

A pocos metros de la collada la pista de adentra hacia el interior del bosque, a unos 1.400 m. de altitud. La pista recorre todo el monte hasta llegara a un arroyo. Se trata del Arroyo de la Collada de los Muertos, cuyas aguas van a parar al Arroyo de Pardomino, en el fondo del valle. Durante el recorrido me encuentro con varios revolcaderos de jabalíes y con huellas y excrementos que bien podrían ser de un lobo.

Entre los cánticos de las aves logro distinguir a los carboneros, herrerillos, petirrojos, arrendajos, cornejas... y con los prismáticos logro enfocar a un trepador azul. Desde el arroyo desciendo ladera abajo siguiendo el curso de las aguas. La niebla ha entrado en el bosque y parece que se va a poner a llover de un momento a otro.

Es por aquí donde pongo especial atención por si me encuentro con algún rastro del urogallo como los que encontré en el Pinar de Lillo. Paso por varios acebos pero por ninguno de ellos logro determinar la presencia del urogallo.

Una vez que llego al Arroyo de Pardomino no tengo más que seguir aguas abajo y disfrutar del paseo por el bosque, la pista me lleva directamente a la curva de la carretera justo antes de la compuerta del embalse.

Un paseo espléndido, una ruta formidable para olvidarme del trabajo en León, oxigenarme y recuperar la toma de contacto con la naturaleza que tanto me llama.

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